En Jesús María entendemos que los años de Secundaria son clave para formar jóvenes con habilidades de discernimiento, capacidad para interactuar con sus pares con confianza, aprender con autonomía y comprometerse con el mundo que los rodea al tiempo que se comienza a construir un proyecto de vida con sentido.
Los estudiantes aprenden haciendo, investigando y creando. Nuestra línea pedagógica incluye trabajos por proyectos, lo que significa que el conocimiento no se queda en los libros, repeticiones o ejercicios aislados: se busca llevar a la práctica los contenidos de cada unidad curricular, conectándolos con la vida cotidiana.
La experiencia de campo constituye el punto de partida para posteriores instancias de búsqueda, reflexión e investigación. Cada asignatura retoma la vivencia desde su propia perspectiva, profundizando en distintos aspectos y generando aprendizajes verdaderamente interdisciplinarios.
Estos proyectos no solo desarrollan pensamiento crítico, creatividad y capacidad de resolución de problemas, sino que también ayudan a nuestros jóvenes a descubrir el sentido de lo que aprenden y cómo puede transformar su entorno.
Además, la metodología fomenta competencias clave: trabajo en equipo, autonomía, liderazgo, escucha activa y toma de decisiones responsables. Los estudiantes aprenden a sostener procesos de trabajo que los preparan para la vida académica y personal.
El valor agregado del Tercer Ciclo está en esta integración entre conocimientos, habilidades y valores. Los jóvenes no solo adquieren aprendizajes sólidos, sino que también desarrollan la capacidad de comprender la realidad y comprometerse con ella desde la responsabilidad y la ética cristiana.
De esta manera, aseguramos que cada estudiante transite una etapa educativa que consolida aprendizajes, potencia talentos y los prepara para enfrentar con confianza y sentido los desafíos del futuro.
Conscientes de que educar también es formar personas, cultivamos espacios de reflexión, escucha y compromiso. El Movimiento Prejuvenil es uno de esos espacios, donde los adolescentes experimentan el sentido de comunidad y compromiso social, se vinculan con la realidad y comienzan a preguntarse cómo pueden aportar al bien común a través del servicio.
En Jesús María educamos para el presente y el futuro: formamos jóvenes con ganas de aprender, con sensibilidad por su entorno y con conciencia social.
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