En cada entrega del boletín mensual Vida en Común, nuestro Director, el Lic. Rafael Ibarzabal dirige una carta a toda la Comunidad Jesús María. Deseamos compartirla para que pueda ser leída y disfrutada por todos aquellos que, aún a grandes distancias, se acerquen a nuestro sitio WEB. |
Cuando en el corazón no arde el fuego apasionado de la vida, tejida de amor, de fe, de esperanza… ninguna luz de vidriera quebrará la oscuridad de la indiferencia
Nos llega la Navidad, un acontecimiento y un tiempo que proclama el amor del Amor. Un tiempo para reconocer y redescubrir al Dios ternura, al Dios amor que venía llamando a la puerta de las posadas y no encontró más que un pesebre y que está ahora buscando asilo en el corazón peregrino de cada hombre, de cada mujer y que nos reclama atención despierta y deseo expectante.
En un tiempo, navidad, en que todo parece estar perfectamente diseñado para distraernos, para ensimismarnos, para seducir nuestros sentidos, corremos el riesgo, casi imperceptible, de perder la memoria de la interioridad y de la compasión y por eso necesitamos acercarnos a la hoguera que calienta la intemperie de los pastores que velan en la noche y parecen decirnos: estén atentos, no pierdan la conciencia de la noche, no abandonen el camino de la interioridad y de la compasión, pues sólo en ella se revela el inmenso y silencioso trabajo de Dios en el mundo; y no olviden al hermano necesitado porque a su lado puede sorprenderles el anuncio del ángel: “les ha nacido un Salvador…”
Es el tiempo del Dios Amor, que no puede dejar de querernos, como no pueden las entrañas de una madre dejar de estremecerse por sus hijos; y que sólo nos pide que nos dejemos querer, que creamos en que somos aceptados para movernos con seguridad en el ancho regazo de su Amor; que entremos en la intimidad de su presencia para contemplar en su amor la realidad que nos rodea y no olvidar, así, que los bienes más preciados y necesarios no pueden ser demandados sino recibidos; no tomados, sino acogidos… porque no son logros, sino dones.
Nos llegan las vacaciones, un tiempo especial para el descanso, para reparar desgastes y recuperar fuerzas. Un tiempo, por supuesto, para la diversión, pero también es bueno que pueda ser un tiempo para la “con-versión”. Con-vertirse, “vertirse-con”…con la familia, con los afectos, vertirse con la propia interioridad, con el manantial profundo que mana de nuestra alma. Un tiempo para rescatar pasiones y afinar el espíritu y reconocer lo verdaderamente importante en nuestras vidas. Un tiempo para revitalizar nuestra sensibilidad por lo bello y lo auténticamente valioso… el amor, la naturaleza, la generosidad, la capacidad de poner al otro en el centro de nuestro interés…
Nos llegan las vacaciones y en ellas una nueva y diferente oportunidad de “Tiempo Pleno” en el que somos invitados al reencuentro con nosotros mismos y con los otros para reconocer nuestra hambre de plenitud, nuestra necesidad del “agua viva” que calme nuestra sed. Un tiempo “para el sentido” de las tareas, de las relaciones, de las cosas…
En nuestras vidas, entretejido en el tiempo lineal de tareas y relaciones que marcan nuestra agenda, necesitamos encontrar y vivir el “Tiempo Pleno”, tiempo para el sentido y el encuentro. El camino que lleva a ese “Tiempo” se recorre a través de los deseos más profundos y su senda no se mide en horas y minutos sino en pasión y en esperanza.
Que esta Navidad y estas vacaciones sean para todos, oportunidad de reafirmar la decisión de construir juntos una esperanza inquebrantable en que el tiempo de cada uno esta “habitado” de plenitud en el Dios Ternura que nos pide permiso para nacer en nuestro corazón y hacerlo arder en el fuego de la fe, la esperanza y el amor.
Ahora si, Feliz Navidad; Felices vacaciones.
Lic. Rafael Ibarzabal
Director General
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